Terror en el baño público

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Una de las peores cosas que nos pueden pasar en la vida es que nos den ganas de ir al baño cuando estamos en la calle, claro que puede no ser una experiencia aterradora si compras un helado de McDonald’s para que te dejen pasar porque es un establecimiento y tiene baños decentes, pero cuando tu economía no está a tu favor y solo puedes pasar uno de 5 pesos o simplemente es el más cercano, es cuando comienza el horror.

La primer cosa que a cualquiera nos hace desesperarnos y tener que aguantar más es que esté ocupado o que exista una fila inmensa para pasar al mismo baño.

Encontrarte un pequeño (o enorme) regalo en la taza del baño es una de las cosas más desagradables en el mundo, en serio, no les cuesta nada jalar la bendita palanca, no entiendo y nunca entenderé por qué tanta gente es así de sucia.

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Si algo he aprendido en todos estos años de vida es que antes de acomodarte para hacer tus necesidades primarias tienes que revisar que haya papel, porque si corres con la pésima suerte de que no haya papel tendrás que despedirte de ese par de calcetines que llevas puestos, ojalá no sean tus favoritos.

Tampoco olvidemos que el hecho de entrar a un baño que no tiene seguro es algo así como un deporte extremo, una actividad multitareas en donde podrás a prueba todas esas habilidades de las que tanto presumes ya que tendrás que estar cuidando que no abran la puerta.

Al último pero no menos importante: que se vaya el agua. Después de todo el sufrimiento no el broche de oro es la falta del agua porque además no podrás lavarte las manos a menos que seas de esas personas que siempre cargan su gel antibacterial aunque no es lo mismo.

Pero después de una experiencia fuera de este mundo lo que me resta decir es que al fin y al cabo, no hay nada peor que querer ir al baño y no encontrar uno.

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