Corazón de Godínez y la productividad laboral

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Dicen que, en un país con una economía frágil, el empleo es una bendición que debe tomarse muy en serio, porque le da movilidad al dinero y permite a los ciudadanos tener un sustento. Aquí en México, con las condiciones económicas cada vez más complicadas, y una tendencia imparable a la subcontratación, surgió un concepto para clasificar a todos aquellos que viven arañando las paredes hasta que llega la quincena: El Godínez.

Un Godínez es aquella persona que trabaja para una empresa o sector de gobierno, recibe un salario y responde a un superior, con un horario fijo y un lugar de trabajo establecido, con todas las minucias que eso implica. Para dejarlo más claro, el Godínez clásico es el oficinista promedio, con un salario nada sorprendente, y que busca pasar desapercibido hasta la hora de salir.

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México tiene 52.6 millones de personas ocupadas en algún tipo de empleo, entre contratados y trabajadores independientes, lo que compone la población económicamente activa del país, y una gran mayoría de Godínez al acecho.

Esta es una descripción que aplica para casi toda la clase trabajadora del país, y una tendencia que, a la vez que crece, busca revertirse, sobre todo en empresas internacionales, con una organización mucho más desarrollada y enfocada en el crecimiento personal de los empleados, como factor que favorece al gremio. Pero ese es un sueño que pocos ven consolidado, mientras el resto ocupan sus horas en la oficina, entre revisar el celular, platicar con la de las copias, y hacer tiempo en el baño, un camino a la baja productividad, alimentado por precarias condiciones de trabajo.

Y viene al caso el recuerdo de la telenovela mexicana “Gutierritos”, producida por Valentín Pimstein en 1958. Ésta cuenta la historia de un hombre, empleado venido a menos, que trabaja para una empresa sin rostro, y es explotado por todos, su familia, sus compañeros y hasta su jefe, quien le pone el apodo que hace alusión a su nombre a manera de humillación.

Y hablando de productividad, la del Godínez promedio no es la más alta, creciendo algo así como 0.02% al año, cifra nada útil para el crecimiento laboral y económico que el país requiere.

Es como si, de alguna extraña forma, la descripción del Godínez promedio aplicara para la del mexicano promedio, al menos la más reconocida, que lo califica de conformista, flojo y lambiscón, encerrado en una pesadilla en la que todos son más productivos y exitosos que él, mientras gasta su vida en un trabajo monótono, esperando que pasen las horas para salir, y los días para recibir un pago mediocre, que apenas le permite sobrevivir, esperando así la siguiente quincena, por toda la eternidad, o al menos hasta la jubilación.

Y es así como la lucha obrera, promulgada por pensamientos como los de Lenin o Marx, para las revoluciones del Siglo XIX, terminó en un Godínez clásico, que usa sus derechos para revisar videos en Facebook, y salirse a comer garnachas a espaldas de su jefe.

Valeria Lira

@MoiraBoicot

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