Un buen ambiente laboral puede ayudar a que los trabajadores y los equipos de trabajo obtengan mejores resultados. Para lograrlo, es importante que el entorno sea respetuoso, relajado y propicio para que todos puedan desempeñar su labor de la mejor manera. Dentro de este contexto, uno de los temas que ha cobrado relevancia es la comodidad al vestir en el trabajo.
Mientras que en algunos empleos se exige una presencia más formal, en otros se permite que los colaboradores se vistan como se sientan más cómodos. En esta nueva realidad laboral, una tendencia que ha comenzado a ganar adeptos es trabajar sin zapatos en la oficina.

Esta práctica se está extendiendo principalmente en oficinas tecnológicas y startups, donde algunas empresas piden a sus empleados que dejen sus Vans o Uggs en la puerta. En algunos casos, las oficinas están cubiertas con alfombras suaves o incluso ofrecen pantuflas o zapatillas para que los trabajadores se sientan más cómodos durante su jornada.
Nick Bloom, economista de la Universidad de Stanford que estudia la cultura laboral, señala que esta tendencia forma parte de lo que denomina “la economía de la pijama en acción”. Según Bloom, este cambio se relaciona con los hábitos adquiridos durante la pandemia, cuando muchas personas trabajaban desde casa y, al regresar a las oficinas, mantuvieron algunas de esas costumbres domésticas.
El fenómeno también puede vincularse con la cultura laboral conocida como “996” en Silicon Valley, donde algunas personas trabajan de 9 de la mañana a 9 de la noche durante seis días a la semana. Bajo ese esquema, pasar tantas horas en la oficina hace que algunos empleados prefieran optar por mayor comodidad, incluso quitándose los zapatos.
La idea de trabajar sin zapatos incluso ha aparecido en la cultura popular. Un ejemplo es el personaje Don Draper en la serie Mad Men, quien en algunas escenas camina por su agencia de publicidad en Manhattan solo con calcetines e incluso invita a otros a quitarse los zapatos al entrar a su oficina.
Aun así, es poco probable que esta práctica se convierta en una norma generalizada en las oficinas. En parte, porque —como ha señalado la crítica de moda del New York Times, Vanessa Friedman— los pies se encuentran entre las partes del cuerpo más controvertidas y menos discutidas.

Además, el reciente auge de sectores como la inteligencia artificial, dominados en gran medida por trabajadores jóvenes, ha impulsado ambientes laborales más informales. Espacios con estantes llenos de zapatos, similares a los de una residencia estudiantil, pueden resultar atractivos para algunos clientes e inversionistas que buscan conectar con nuevas tendencias. Sin embargo, esta práctica podría no ser bien recibida en entornos laborales con mayor diversidad generacional.
En cualquier caso, la comodidad de los colaboradores siempre será un factor importante en el trabajo. No obstante, la tendencia de trabajar sin zapatos puede generar opiniones divididas: mientras algunos la consideran una forma de mejorar el bienestar en la oficina, otros creen que puede resultar incómoda o inapropiada para ciertos ambientes laborales.
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