Achaques a los veintitantos

“¡Tienes veinte, aún tienes la vida por delante!”. Esa frase es común, cuando charlamos con alguna de esas secretarias, que forman parte del inventario de la empresa, pero: ¿será cierta? A nosotros no nos lo parece, así que buscamos las cosas que nos hacen sentir viejos, en esta etapa de la vida.

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Ya no quieres multitudes: Antes de lanzarnos al slam, o buscar un lugar frente al escenario, lo pensamos dos veces, al grado de considerar no ir a un concierto en donde no haya lugares asignados y asientos cómodos –claro que muchos dirán que a ellos sí les gusta, pero sean honestos, les da miedo un concierto masivo– incluso comenzamos a disfrutar eso de quedarnos en casa.

Las fiestas: En otros tiempos no importaba el día, la hora o la fecha, si alguien decía ¡fiesta!, era un hecho que terminaríamos ebrios y con una resaca, que seguro nos curábamos con una juerga más. Ahora todo es diferente, no nos dejarán mentir, preferimos una buena charla en un bar con un grupo reducido de amigos, y llegar temprano a casa, porque al día siguiente hay que laborar.

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La cruda dura más: Si antes no nos daba cruda, a esta edad ya nos duele el cuerpo, no soportamos el ruido, todo nos da vueltas y, claro, no podemos ver el alcohol ni en pintura. ¡Ah!, pero cuando estábamos jóvenes, nada de esto pasaba, e incluso nos dábamos el lujo de irnos de fiesta al día siguiente.

El banco y hacienda, tus peores enemigos: Éste es el paso más grande para ser una persona adulta, claro, es difícil, pero nos toca formarnos horas en el banco, lidiar con los servidores públicos a la hora de pagar impuestos, y sufrir por no tener dinero. ¿Recuerdan cuándo sus papás pagaban todo?

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Estómago de viejito: De entre las grandes enfermedades, están las gastrointestinales (gastritis, colitis, reflujo, etcétera.) que nos arruinan las ganas de comer, porque todo nos hace daño. ¡Qué lindo cuando podíamos comer de todo, sin miedo a tener un colapso!

Ya no eres de la chaviza: Nos cuesta trabajo entender a los jóvenes de estos tiempos, y ellos a nosotros, no comprendemos los gustos millennials, y tampoco les encontramos sentido; incluso, en algún momento nos entran ganas de regañar a esos chavos; esa actitud es la que nos hace darnos cuenta, que ya dimos el viejazo.

@AgendaGodinez

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